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Vol. 25 - Núm. 3
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El trastorno bipolar es una condición mental crónica y recurrente, caracterizada por una considerable heterogeneidad en su presentación clínica, curso y respuesta al tratamiento. Se asocia con deterioro funcional significativo, que puede persistir incluso durante períodos de remisión sintomática, así como con un incremento de la mortalidad prematura y un elevado riesgo de conducta suicida. La evidencia disponible indica que las personas con trastorno bipolar presentan aproximadamente el doble de riesgo de mortalidad por todas las causas respecto de la población general, con un incremento particularmente marcado de las muertes por suicidio. [1–3]
A pesar de los avances alcanzados en su reconocimiento y tratamiento, persisten dificultades importantes para su identificación oportuna. Una revisión sistemática y metaanálisis encontró una mediana de 6,7 años entre el inicio del trastorno y su diagnóstico, mientras que la duración mediana del trastorno bipolar no tratado fue de 5,9 años. Este retraso resulta particularmente relevante cuando los episodios depresivos preceden al reconocimiento de episodios de manía o hipomanía y puede contribuir a prolongar la exposición a intervenciones terapéuticas no específicas para el trastorno bipolar. [4,5]
En las últimas décadas se han desarrollado múltiples guías de práctica clínica y consensos internacionales que sintetizan la evidencia disponible y ofrecen recomendaciones para las diferentes fases del trastorno bipolar. Entre ellas, las guías de la Canadian Network for Mood and Anxiety Treatments (CANMAT) y la International Society for Bipolar Disorders (ISBD) constituyen uno de los principales referentes internacionales y han contribuido a sistematizar las recomendaciones para la evaluación y el tratamiento de la manía, la depresión bipolar y la fase de mantenimiento, así como para poblaciones y situaciones clínicas específicas. Sus recomendaciones de 2018 han sido complementadas posteriormente con una actualización de la evidencia. [6,7]
Sin embargo, la disponibilidad de recomendaciones internacionales basadas en evidencia no garantiza necesariamente su aplicabilidad en todos los contextos. La transferencia de una recomendación desde el escenario en el cual fue desarrollada hacia otro sistema sanitario requiere considerar factores como la disponibilidad de las intervenciones, los recursos del sistema, su factibilidad y aceptabilidad, así como las características de la población destinataria. En este sentido, los desarrollos metodológicos contemporáneos para la contextualización de guías distinguen entre adoptar directamente una recomendación, adaptarla a un contexto diferente o desarrollar una nueva recomendación cuando las condiciones locales así lo requieren. [8]
Esta brecha entre la evidencia y su implementación adquiere especial relevancia en América Latina. Los trastornos mentales y por consumo de sustancias representan una proporción importante de la carga de enfermedad en la región, mientras persisten brechas considerables en el acceso y la continuidad de la atención. Estudios realizados a partir de las World Mental Health Surveys en países de las Américas, incluido Colombia, han identificado tanto barreras estructurales como actitudinales para acceder a tratamiento, así como discontinuidad de la atención una vez iniciada. Estas condiciones pueden limitar la implementación efectiva de recomendaciones clínicas aun cuando exista evidencia suficiente sobre su eficacia. [9,10]
En Colombia, los resultados de la Encuesta Nacional de Salud Mental 2025 evidencian avances en el acceso y la continuidad de la atención, pero también brechas relevantes a lo largo de la trayectoria asistencial. Entre las personas que reportaron un problema o trastorno mental diagnosticado, 40,9% buscó atención en salud mental durante el último año y, entre quienes lo hicieron, 82,8% recibió efectivamente servicios. En relación con el tratamiento farmacológico, 92,0% de los medicamentos fueron formulados a través de la EPS y 88,9% fueron obtenidos por esta vía; sin embargo, 24,1% de las personas reportó gasto de bolsillo para obtener medicamentos. Estos hallazgos muestran que la disponibilidad formal de servicios y tratamientos no garantiza por sí sola un acceso efectivo, oportuno y sostenido, y respaldan la necesidad de considerar las condiciones del sistema de salud colombiano al formular recomendaciones terapéuticas. [11] En este marco, adaptar la evidencia al contexto nacional no implica sustituir las recomendaciones internacionales, sino valorar sistemáticamente su pertinencia, factibilidad y aplicabilidad en las condiciones asistenciales del país.
Los métodos formales de consenso pueden resultar particularmente útiles cuando la evidencia disponible requiere ser interpretada en relación con circunstancias clínicas y contextuales específicas, cuando su aplicabilidad al escenario de interés es incierta o cuando no existen respuestas directas para determinados problemas clínicos. Entre ellos, el método Delphi permite obtener de manera estructurada e iterativa la valoración de un panel de expertos, cuantificar el grado de acuerdo y reconsiderar los enunciados a partir de la retroalimentación obtenida en rondas sucesivas. La calidad de estos procesos depende de la definición a priori de los criterios de consenso, la selección y caracterización transparente del panel, la adecuada formulación de los enunciados y la descripción explícita de los procedimientos utilizados para resolver el desacuerdo. [12,13]
Con este propósito se diseñó el Consenso Colombiano sobre el Trastorno Bipolar, como una iniciativa académica orientada a integrar la mejor evidencia científica disponible con la experiencia de profesionales con trayectoria en el abordaje del trastorno bipolar y las condiciones particulares de la atención en Colombia. El proyecto fue concebido como un consenso de expertos basado en evidencia mediante una metodología Delphi modificada, precedido por la formulación de preguntas clínicas priorizadas y la revisión estructurada de la literatura. Durante su desarrollo, este planteamiento fue operacionalizado mediante una estructura modular, la transformación de las preguntas clínicas en enunciados susceptibles de valoración y un procedimiento iterativo de evaluación y reformulación.
El objetivo de este artículo es describir el protocolo y el desarrollo metodológico del Consenso Colombiano sobre el Trastorno Bipolar, desarrollado mediante un proceso Delphi modificado para integrar la evidencia científica disponible, la experiencia clínica de expertos y las particularidades del contexto asistencial colombiano. De manera complementaria, se busca presentar una estrategia metodológica potencialmente reproducible para la contextualización de recomendaciones clínicas en otros escenarios latinoamericanos. Los resultados del proceso Delphi y las recomendaciones clínicas derivadas del consenso serán presentados de manera independiente.
Se diseñó un estudio de consenso de expertos basado en evidencia mediante una metodología Delphi modificada, orientado a desarrollar recomendaciones para el abordaje del trastorno bipolar aplicables al contexto colombiano. El diseño y desarrollo del proceso consideraron principios metodológicos descritos para la conducción de estudios Delphi y recomendaciones para su reporte. [12,13] El proceso combinó la formulación y priorización de preguntas clínicas, una revisión estructurada de la literatura científica, la elaboración de enunciados derivados de la evidencia y su valoración iterativa por un panel de expertos.
El protocolo inicial estableció las etapas generales del consenso, incluyendo la formulación de preguntas clínicas mediante el formato PICO cuando fuera aplicable, la revisión de la evidencia, la elaboración de enunciados preliminares y su valoración mediante rondas Delphi virtuales. Durante el desarrollo del proyecto, estas etapas fueron operacionalizadas mediante una estructura modular y un proceso iterativo de revisión, priorización y reformulación de los enunciados.
El consenso fue desarrollado como una iniciativa académica colaborativa entre profesionales vinculados al Grupo CISNE, la Clínica Montserrat y la Clínica Nuestra Señora de la Paz. La coordinación general estuvo a cargo de Rodrigo Córdoba Rojas, con la participación de un comité académico responsable de definir el alcance del consenso, supervisar la formulación y priorización de las preguntas clínicas y la revisión de la evidencia, revisar los enunciados propuestos y coordinar las diferentes etapas del proceso Delphi.
Para el desarrollo del consenso, el comité académico se organizó en tres grupos de trabajo correspondientes a los principales componentes temáticos: (1) generalidades y diagnóstico (JFC, RC, RCS, MA), (2) tratamiento de las fases agudas (AV, JMG, LT, NR)y (3) tratamiento de mantenimiento y poblaciones especiales (EF, DV, OC, C). Cada grupo desarrolló inicialmente las preguntas clínicas y revisó la evidencia correspondiente a su área. Se realizaron reuniones plenarias periódicas del comité académico para revisar los avances de los grupos, discutir las decisiones metodológicas y clínicas y armonizar sus propuestas. Este proceso iterativo permitió consolidar el conjunto de preguntas clínicas y, posteriormente, los enunciados incluidos en el instrumento de la primera ronda Delphi.
El alcance inicial comprendió aspectos relacionados con las generalidades del trastorno bipolar, el tratamiento de las fases agudas, el tratamiento de mantenimiento y las situaciones clínicas especiales. A partir de estos dominios se desarrolló una estructura operacional organizada en tres módulos, incorporando las poblaciones y situaciones especiales dentro de los módulos correspondientes de tratamiento agudo y de mantenimiento.
El Módulo 1, Generalidades, incluyó terminología y conceptualización, carga de enfermedad y contexto nacional, diagnóstico y diagnóstico diferencial, curso clínico y estados de riesgo, así como instrumentos de evaluación y seguimiento. El Módulo 2, Tratamiento de las fases agudas, abordó principios generales del tratamiento, manía e hipomanía, depresión bipolar, presentaciones con características mixtas, poblaciones y situaciones especiales, intervenciones psicosociales, adherencia y pseudorresistencia, y evaluación y manejo de efectos adversos. El Módulo 3, Tratamiento de mantenimiento, comprendió estrategias de mantenimiento en adultos, poblaciones especiales y comorbilidades relevantes.
Esta organización permitió abordar el trastorno bipolar desde una perspectiva longitudinal, incorporando aspectos diagnósticos y de caracterización clínica junto con las decisiones terapéuticas correspondientes a sus diferentes fases.
A partir de los dominios temáticos definidos para cada módulo, los tres grupos de trabajo del comité académico formularon las preguntas clínicas correspondientes a sus respectivas áreas. Cuando la naturaleza de la pregunta lo permitió, estas fueron estructuradas mediante el formato PICO (población, intervención, comparador y desenlace), con el propósito de orientar la identificación y síntesis de la evidencia relevante.
Las preguntas propuestas por los grupos fueron revisadas y discutidas en reuniones plenarias del comité académico hasta consolidar el conjunto de preguntas que orientaría el desarrollo del consenso. Durante este proceso, las preguntas fueron priorizadas de acuerdo con cinco criterios: (1) impacto clínico transversal, considerando su relevancia para el diagnóstico, tratamiento o pronóstico; (2) frecuencia del problema en la práctica clínica colombiana; (3) posibilidad de generar recomendaciones clínicas claras; (4) relevancia para reducir errores diagnósticos; y (5) alineación con consensos y recomendaciones internacionales o regionales.
Con base en estos criterios, las preguntas se organizaron en tres categorías de prioridad operativa. Las preguntas A (prioritarias) correspondieron a los temas considerados fundamentales para el consenso y constituyeron el núcleo de las sesiones de trabajo, por lo que debían ser discutidas y valoradas de manera prioritaria. Las preguntas B (importantes) abordaron contenidos considerados necesarios, pero de prioridad secundaria, cuya discusión se realizaba una vez cubiertos los temas prioritarios y de acuerdo con el tiempo disponible. Las preguntas C (complementarias) correspondieron a aspectos de menor prioridad o de carácter opcional, incluyendo algunos contenidos predominantemente fenomenológicos.
Esta clasificación se utilizó exclusivamente para organizar y priorizar el trabajo preparatorio del consenso y no correspondió a una clasificación de la calidad o certeza de la evidencia ni de la fuerza de las recomendaciones. Las preguntas priorizadas orientaron posteriormente la revisión de la literatura y la elaboración de los enunciados sometidos al proceso Delphi.
Para sustentar las preguntas clínicas priorizadas se realizó una búsqueda estructurada y pragmática de la literatura disponible hasta el 31 de enero de 2026 en MEDLINE, Embase, Scopus, SciELO y PsycINFO. La búsqueda se restringió a publicaciones en español, inglés o portugués.
La identificación de la evidencia privilegió guías de práctica clínica, consensos basados en evidencia, revisiones sistemáticas y metaanálisis relevantes para las preguntas priorizadas. Cuando estos documentos no permitían responder suficientemente una pregunta clínica o se requería complementar o actualizar la evidencia disponible, se consideraron estudios primarios pertinentes.
La evidencia identificada fue revisada por los grupos de trabajo responsables de cada componente temático. Durante la síntesis se consideraron, según correspondiera a cada pregunta, los hallazgos relacionados con eficacia, efectividad y seguridad, así como su pertinencia clínica y potencial aplicabilidad al contexto colombiano. Los principales hallazgos fueron discutidos en las reuniones del comité académico y utilizados como fundamento para la elaboración y revisión de los enunciados que posteriormente fueron sometidos al proceso Delphi.
La revisión tuvo como propósito proporcionar el sustento científico para la formulación de los enunciados del consenso y no correspondió a una revisión sistemática independiente para cada pregunta clínica.
Los participantes del panel Delphi fueron seleccionados mediante un muestreo intencional de expertos, orientado a conformar un grupo de psiquiatras con experiencia clínica y conocimiento del abordaje del trastorno bipolar, y con diversidad en sus ámbitos de ejercicio profesional y procedencia institucional y geográfica.
La identificación de potenciales participantes se realizó a partir de tres perfiles principales: (1) directores de programas de especialización en psiquiatría; (2) directores o profesionales con responsabilidades clínicas en instituciones prestadoras de servicios de salud mental; y (3) psiquiatras reconocidos por su experiencia académica, clínica o investigativa en áreas relacionadas con el trastorno bipolar. También se consideró la experiencia en docencia, prestación de servicios y actividades gremiales.
Para favorecer la diversidad del panel, se procuró incluir participantes vinculados a diferentes instituciones y regiones del país. La representación regional se estableció considerando principalmente la presencia de instituciones universitarias con programas de formación en psiquiatría y de instituciones prestadoras de servicios especializados en salud mental. La selección no tuvo como propósito obtener una muestra estadísticamente representativa de los psiquiatras colombianos, sino incorporar diferentes perspectivas relevantes para la práctica clínica nacional.
Los potenciales participantes fueron invitados mediante correo electrónico institucional enviado desde el Centro Rosarista de Salud Mental (CeRSaMe). La invitación presentó los objetivos generales del consenso y las características de la participación esperada. Como estrategia para favorecer la respuesta y confirmar la recepción de la invitación, una asistente de investigación realizó posteriormente contacto telefónico con los psiquiatras invitados. La participación en el panel fue voluntaria y estuvo condicionada a la aceptación de la invitación y, posteriormente, a la aceptación explícita de participación antes de diligenciar el cuestionario Delphi.
El equipo responsable del desarrollo del consenso estuvo conformado por los integrantes del comité académico, todos ellos médicos especialistas en psiquiatría, y por tres médicos en formación especializada en psiquiatría que participaron como asistentes de investigación. Estos últimos apoyaron las actividades de búsqueda y revisión de la literatura, organización de la información y desarrollo operativo del proyecto. Una de las asistentes de investigación apoyó adicionalmente la coordinación de la convocatoria y el seguimiento de los participantes del panel.
La primera ronda del proceso Delphi se realizó mediante un cuestionario electrónico desarrollado en REDCap. Antes de acceder al cuestionario, los participantes recibieron información sobre el propósito del consenso, las características generales de la metodología Delphi, el tiempo estimado requerido para completar el instrumento y las condiciones de tratamiento confidencial de la información. Para continuar con el cuestionario, debían manifestar explícitamente su aceptación de participar.
Los participantes completaron información de caracterización que incluyó género, ciudad de residencia, nivel de formación, programa de formación de posgrado, años de experiencia como psiquiatra y ámbitos de ejercicio profesional. Para cada enunciado se solicitó indicar el grado de acuerdo mediante una escala de nueve puntos, agrupada previamente en tres categorías: 1–3, desacuerdo; 4–6, acuerdo incierto o neutral; y 7–9, acuerdo. Cada enunciado incluyó adicionalmente un campo abierto para comentarios, en el cual los participantes podían proponer modificaciones, identificar ambigüedades o expresar las razones de su desacuerdo.
El cuestionario de la primera ronda estuvo organizado de acuerdo con los tres componentes temáticos definidos durante la fase preparatoria e incluyó un conjunto adicional de enunciados exploratorios opcionales. Los enunciados principales correspondieron a los contenidos priorizados durante esta fase, mientras que el componente exploratorio permitió someter a consideración aspectos complementarios que no constituían el núcleo prioritario del consenso. El instrumento de la primera ronda incluyó 47 enunciados principales, seguidos de un conjunto de preguntas exploratorias opcionales.
Para cada enunciado se calcularon la mediana y el rango intercuartílico (IQR) de las puntuaciones obtenidas en la escala de 1 a 9. Asimismo, se estimó el porcentaje de acuerdo, definido como la proporción de participantes que asignó puntuaciones entre 7 y 9, y el porcentaje de desacuerdo, correspondiente a puntuaciones entre 1 y 3. Los comentarios abiertos fueron revisados cualitativamente para identificar argumentos recurrentes, ambigüedades en la formulación, discrepancias conceptuales y propuestas de modificación. Los resultados cuantitativos y los comentarios cualitativos fueron considerados conjuntamente para la clasificación de cada enunciado.
Los criterios para definir consenso fueron establecidos a priori, de acuerdo con recomendaciones metodológicas que enfatizan la necesidad de definir previamente los criterios y umbrales de consenso en los estudios Delphi. [12,13]
Se consideró que un enunciado había alcanzado consenso y quedaba aprobado cuando presentaba una mediana ≥7, un IQR ≤2 y un porcentaje de acuerdo ≥80%, siempre que los comentarios cualitativos no identificaran problemas sustantivos de contenido o formulación. Los enunciados que cumplieron estos criterios fueron aceptados y no se sometieron nuevamente a votación.
Los enunciados que no cumplieron todos los criterios de aprobación, pero mostraron una tendencia favorable al acuerdo y presentaron comentarios que identificaban problemas potencialmente corregibles de redacción, alcance, precisión clínica o aplicabilidad, fueron clasificados como susceptibles de modificación y nueva valoración. Los resultados correspondientes a estos enunciados fueron revisados inicialmente por los grupos de trabajo responsables de cada componente temático y posteriormente discutidos en reuniones del comité académico. A partir de esta revisión, los enunciados fueron reformulados cuando se consideró pertinente y seleccionados para la segunda ronda.
Los enunciados con bajo grado de acuerdo, elevada dispersión o desacuerdo sustantivo que no pudiera resolverse mediante una modificación de su formulación fueron retirados del proceso de consenso. La decisión de retirar un enunciado correspondía al comité académico y debía considerar conjuntamente la distribución de las puntuaciones, los comentarios cualitativos y la posibilidad de formular una proposición clínicamente válida y susceptible de consenso.
Los enunciados que no alcanzaron los criterios de aprobación establecidos en la primera ronda y fueron considerados susceptibles de modificación fueron revisados inicialmente por los grupos de trabajo responsables de cada componente temático y posteriormente discutidos en reuniones del comité académico. Para esta revisión se consideraron conjuntamente los resultados cuantitativos y los comentarios cualitativos aportados por los participantes.
Los comentarios fueron utilizados para identificar las principales fuentes de desacuerdo, incluyendo ambigüedades en la redacción, alcance excesivamente amplio de los enunciados, necesidad de precisar la población o el escenario clínico, afirmaciones que podían exceder la evidencia disponible y diferencias conceptuales en la interpretación de determinados términos. La reformulación estuvo orientada a resolver las fuentes de desacuerdo identificadas y no exclusivamente a incrementar el grado de acuerdo. Dependiendo de la naturaleza de las observaciones, las modificaciones incluyeron precisiones sobre la población o el escenario clínico, delimitación del alcance del enunciado, incorporación de consideraciones de diagnóstico diferencial y sustitución de términos que habían generado interpretaciones heterogéneas. Se mantuvo la trazabilidad entre la formulación original de cada enunciado y su versión reformulada.
La segunda ronda incluyó exclusivamente enunciados reformulados que requerían una nueva valoración, correspondientes tanto al conjunto principal de enunciados como al componente exploratorio opcional. Para cada enunciado se presentó también la versión valorada en la primera ronda, permitiendo a los participantes identificar las modificaciones introducidas. Los participantes fueron informados de que los enunciados habían sido revisados y reformulados a partir de los comentarios recibidos en la primera ronda. La participación fue nuevamente voluntaria y estuvo precedida por la aceptación explícita para responder el cuestionario.
Los enunciados fueron valorados utilizando la misma escala de nueve puntos empleada en la primera ronda y se aplicaron los mismos criterios cuantitativos y cualitativos de consenso. El proceso Delphi se limitó a dos rondas. Los enunciados que alcanzaron los criterios establecidos en la segunda ronda fueron incorporados al conjunto de enunciados consensuados. Aquellos que no alcanzaron dichos criterios después de la segunda valoración fueron clasificados como sin consenso y no fueron sometidos a rondas adicionales de reformulación o votación.
Una vez finalizadas las dos rondas Delphi, los enunciados que alcanzaron los criterios preestablecidos fueron incorporados al conjunto de enunciados consensuados, mientras que aquellos que no alcanzaron dichos criterios después de la segunda ronda fueron clasificados como enunciados sin consenso.
Posteriormente, los enunciados consensuados serán sometidos a una fase final de integración por el comité académico, orientada a revisar su coherencia con la evidencia que los sustenta, armonizar su formulación y considerar su aplicabilidad al contexto colombiano. Esta etapa permitirá consolidar las recomendaciones clínicas definitivas. La fase de integración tendrá un carácter clínico y editorial y no modificará la clasificación de consenso alcanzada por los enunciados al finalizar las rondas Delphi.
Los resultados cuantitativos y cualitativos del proceso Delphi, junto con las recomendaciones clínicas definitivas, serán presentados en una publicación independiente.
El estudio consistió en un proceso de consenso entre médicos especialistas y no involucró la participación de pacientes, la realización de intervenciones clínicas ni la recolección de información clínica individual. Por tratarse de un estudio sin riesgos previsibles para los participantes no se consideró necesaria la evaluación por un comité de ética en investigación.
La participación de los integrantes del panel fue voluntaria. Antes de acceder al cuestionario, los participantes recibieron información sobre los objetivos del consenso, las características generales de la metodología Delphi, el tiempo estimado requerido para completar el instrumento y las condiciones de tratamiento de la información. Para continuar con el cuestionario, debían manifestar explícitamente su aceptación de participar.
La información recolectada fue tratada de manera confidencial y utilizada exclusivamente para el desarrollo del consenso, de acuerdo con los principios establecidos en la Ley 1581 de 2012 sobre protección de datos personales. El instrumento recopiló información de caracterización profesional y un correo electrónico de contacto; por tanto, las respuestas no fueron anónimas para el equipo investigador. Sin embargo, las valoraciones individuales no fueron compartidas con los demás integrantes del panel y los resultados fueron analizados y presentados de manera agregada.
El desarrollo del Consenso Colombiano sobre el Trastorno Bipolar recibió apoyo financiero de Abbott. El patrocinador no participó en la definición o priorización de las preguntas clínicas, la búsqueda o revisión de la evidencia, la formulación o modificación de los enunciados, la selección del panel de expertos, la recolección o análisis de las respuestas del proceso Delphi, la interpretación de los resultados, la integración final de las recomendaciones, ni en las decisiones relacionadas con la preparación, publicación o difusión de los manuscritos derivados del consenso.
El desarrollo del consenso recibió apoyo financiero de Abbott, según se declara en la sección de financiación. Fuera de este apoyo, los autores declaran no tener otros conflictos de interés relacionados con el desarrollo del presente manuscrito.
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