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Vol. 25 - Núm. 3
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Los tumores intracraneales del sistema nervioso central son poco frecuentes y tal vez por ello no han sido priorizados en las diferentes iniciativas contra el cáncer; la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer estimó para 2024 la ocurrencia de 2.008 casos nuevos y 6.966 casos prevalentes en Colombia1, mientras que la base de datos de RIPS del Ministerio de Salud registró en 2025 2.917 pacientes atendidos con diagnóstico confirmado nuevo y 5.508 con diagnóstico confirmado nuevo o repetido (CIE-10: C71.0–C71.7)2. Estas neoplasias representan el 1,6% de los casos incidentes de cáncer, pero son responsables del 2,9% de las muertes oncológicas en el país.
Aproximadamente el 29% de los tumores intracraneales serían primarios, el 82,7% correspondería a gliomas y, a su vez, aproximadamente el 31,6% a gliomas grado II3; es decir, en ausencia de estadísticas específicas sobre gliomas de bajo grado (LGG) en Colombia, se estiman entre 183 y 267 casos al año. Uno de ellos fue JM, un hombre de 53 años que consultó por irritabilidad y labilidad emocional, acompañadas de deterioro ejecutivo, desorganización, bajo desempeño laboral y comportamientos atípicos que sus familiares identificaron como un cambio súbito de personalidad. Posteriormente, tras presentar una crisis convulsiva, fue llevado a resonancia magnética cerebral, en la que se identificó una lesión hipointensa en T1 e hiperintensa en T2, que posteriormente se diagnosticó como un tumor cerebral.
A diferencia de otros tumores, el cáncer cerebral afecta el órgano cuya función es la mente y que define lo que somos como seres humanos: la cognición, la conducta, la personalidad, la autonomía y la identidad personal. Paradójicamente, una búsqueda en Medline arrojó muy poca información sobre el impacto de la patología, de la resección o de la radioterapia en los síntomas psiquiátricos o en la identidad de los individuos.
Existe un poco más de evidencia sobre el impacto de los gliomas en la funcionalidad del paciente. Una reciente publicación en el Journal of Neurosurgery describe la experiencia del profesor de neurocirugía Hugues Duffau, de la Universidad de Montpellier, con 515 casos de resección en paciente despierto basados en el conectoma, entre 1997 y 2003. Al emplear esta técnica la tasa de déficit neurológico posquirúrgico fue tan baja como el 0.8% y la preservación del puntaje KPS fue sustancial (95.7 ± 5.4 preoperatorio a 94.4 ± 6.2 posoperatorio), lo que permitió una tasa de regreso al trabajo de 91.5%4.
Este estudio es el primero en abordar el impacto laboral de la cirugía con paciente despierto y tractografía, la cual debería ser el estándar de cuidado, siendo discordante con reportes previos; Investigadores del Nizam's Institute of Medical Sciences, en la India, evaluaron retrospectivamente la capacidad de retorno al trabajo de pacientes con tumores cerebrales primarios tratados con radioterapia de intensidad modulada después de la cirugía; la mayoría presentaba gliomas de bajo grado, encontrando una media de retorno al trabajo de 3 meses con una tasa de 64.5%, y a los 6 meses solo 58.2% de los sujetos conservaba su empleo. Los principales déficits neurológicos incluyeron debilidad de las extremidades en el 21.4% de los sujetos, fatiga o cansancio patológicos en el 14.3% y discapacidad visual en el 11.9%5.
Por su naturaleza infiltrativa, los gliomas difusos grado 2 de la OMS carecen de un límite biológico claramente definido. Aunque es posible alcanzar una resección total o incluso supratotal de la lesión radiológicamente identificable, estas intervenciones no implican necesariamente la eliminación completa de la enfermedad, ya que células tumorales infiltrantes pueden extenderse hacia el parénquima cerebral aparentemente normal, más allá de los márgenes visibles en las neuroimágenes. Estudios de correlación histológica han demostrado la presencia de células neoplásicas a distancia de estos límites radiológicos6. La persistencia microscópica de enfermedad constituye, por tanto, un sustrato potencial para la progresión tumoral posterior; en este sentido, el uso de radioterapia pretende retrasar la transformación, ya que cuando esta ocurre, la expectativa de vida del paciente se reduce significativamente7.
Si bien la adyuvancia con radioterapia ha demostrado un incremento en la sobrevida global de los pacientes con gliomas de bajo grado alrededor del 28% según lo demostró una revisión sistemática con meta-análisis8, los eventos adversos cognitivos de la radiación han sido descritos; un estudio realizado en colaboración por el hospital Elisabeth-TweeSteden, la Universidad de Tilburg y la Universidad técnica de Eindhoven en Países Bajos comparó la evolución cognitiva de pacientes sometidos a terapia adyuvante (Radioterapia + Quimioterapia); en la línea de base no hubo diferencias en los puntajes cognitivos, sin embargo durante el seguimiento el grupo que no recibió adyuvancia mostró recuperación cognitiva, lo que no fue evidente en el grupo irradiado, quienes presentaban menor velocidad de procesamiento9.
El ensayo clínico INDIGO, con datos de la actualización presentada en el Congreso ASCO 2026, mostró una tasa de respuesta objetiva (respuesta parcial o estabilización de la enfermedad) cercana al 18%, así como un retraso significativo hasta la siguiente intervención oncológica (radioterapia, quimioterapia o nueva cirugía) en más del 72% de los pacientes tratados. El perfil de eventos adversos fue en general leve, y se documentó mejoría en el control de crisis epilépticas en más del 70% de los pacientes, lo que sugiere un beneficio adicional sobre la calidad de vida. Estos hallazgos respaldan la posibilidad de diferir intervenciones como la radioterapia, minimizando así el riesgo de neurotoxicidad y de deterioro cognitivo asociado al tratamiento.
Solo fue posible identificar un estudio sobre el efecto de la cirugía en la regulación del estado de ánimo; se trata de una cohorte retrospectiva de pacientes tras la resección de gliomas supratentoriales grado 2 a 4, operados entre 2009 y 2021; se recolectó información de 83 pacientes, encontrando una frecuencia de síntomas depresivos del 25% al final de la cirugía y del 34% un año después, especialmente en pacientes con resecciones del lado derecho10. Adicionalmente, Una investigación previa evaluó la capacidad afectiva en pacientes con diversas patologías del sistema nervioso central. Dicho estudio reveló que los individuos con gliomas de bajo grado exhiben un déficit significativo en el reconocimiento de emociones ajenas, lo cual se ha asociado con discapacidad social11.
La limitada evidencia sobre las consecuencias psiquiátricas, cognitivas, funcionales y sociales de los gliomas contrasta con su potencial impacto en dimensiones esenciales de la vida del paciente. Esta brecha plantea la necesidad de ampliar su abordaje más allá de los desenlaces oncológicos tradicionales y de promover una atención que considere de manera integral la supervivencia y la preservación de la función. En este contexto, el Centro de Investigaciones del Sistema Nervioso (Grupo CISNE) convocó cuatro mesas técnicas multidisciplinarias en Colombia, con el objetivo de visibilizar la carga integral de estas neoplasias, identificar necesidades no suficientemente reconocidas y generar recomendaciones para fortalecer su abordaje en el país.
El Centro de Investigaciones del Sistema Nervioso (Grupo CISNE) convocó cuatro mesas técnicas multidisciplinarias desarrolladas en Colombia entre mayo y julio de 2026, orientadas a explorar la carga clínica, funcional, psicológica y social de los tumores del sistema nervioso central, así como las principales necesidades y brechas relacionadas con su diagnóstico, tratamiento y atención integral. El ciclo comprendió encuentros realizados en Bogotá el 29 de mayo, en Medellín el 24 de junio, en Barranquilla el 10 de julio y una sesión de cierre en Bogotá el 16 de julio de 2026.
Las mesas reunieron a profesionales con experiencia en neurología, neuro-oncología, neurocirugía, pediatría, medicina interna, psiquiatría, epidemiología y gestión del riesgo, con el objetivo de incorporar perspectivas clínicas, epidemiológicas y del sistema de salud. Cada encuentro se estructuró mediante presentaciones de expertos, seguidas de una discusión multidisciplinaria en torno a tres ejes: (1) disponibilidad y uso de la información epidemiológica y de gestión del cáncer en Colombia; (2) características clínicas y moleculares de los tumores primarios del SNC, con énfasis en gliomas, diagnóstico molecular y acceso al tratamiento; y (3) impacto cognitivo, emocional, funcional y social de estas neoplasias.
El componente epidemiológico y de gestión del riesgo incorporó información de la Cuenta de Alto Costo sobre la carga de enfermedad, la oportunidad diagnóstica y terapéutica, las inequidades territoriales, la caracterización oncológica e indicadores centrados en el paciente. El componente clínico abordó la clasificación histológica y molecular contemporánea de los gliomas, los biomarcadores relevantes, las herramientas diagnósticas, las modalidades terapéuticas y las barreras de acceso al diagnóstico molecular y al tratamiento especializado. El componente de impacto exploró las repercusiones cognitivas, emocionales, funcionales y sociales de los tumores del SNC y de su tratamiento, incluyendo la autonomía, la calidad de vida, la rehabilitación y las necesidades de los pacientes, las familias y los cuidadores.
Un redactor médico (medical writer) designado por el Grupo CISNE participó en las cuatro mesas y documentó las presentaciones y discusiones mediante minutas de cada una. A partir de estos registros, se realizó una síntesis temática descriptiva que identificó los temas recurrentes y los puntos de convergencia surgidos durante las jornadas. Los hallazgos se agruparon en cuatro dominios: oportunidad diagnóstica y rutas de atención; equidad en el acceso al diagnóstico molecular y a la innovación terapéutica; atención centrada en la persona, incluyendo salud mental, funcionalidad y rehabilitación; y fortalecimiento de los sistemas de información para la investigación, la planeación y la evaluación de resultados en salud. Estos dominios coinciden con los ejes transversales documentados en el informe de las jornadas.
La síntesis resultante fue evaluada por el comité científico del Grupo CISNE, que revisó la correspondencia entre los hallazgos y los aportes registrados en las mesas, realizó los análisis pertinentes e integró los aportes de los participantes. El manuscrito resultante fue sometido a revisión y aprobación del comité científico antes de su versión final.
Un término recurrente en las mesas técnicas fue la fragmentación del sistema de atención, entendida como la falta de articulación entre los distintos actores y etapas que conforman la ruta del paciente. La principal razón identificada fue la falta de modelos integrados de contratación por parte de los aseguradores, quienes contratan servicios con diferentes IPS sin rutas adecuadas para la integración. De esta manera, una IPS puede tener el contrato de neurocirugía, otra, el de consulta externa de oncología y una tercera, el convenio de oncología radioterápica; al pertenecer a distintas instituciones, los profesionales no pueden abordar el caso de manera integral.
Para estandarizar la atención de los pacientes se requiere el establecimiento de rutas basadas en evidencia12; una atención sin una ruta clara no es predecible y, por tanto, no es susceptible de incorporarse a un proceso de calidad ni de mejora continua. Los participantes consideraron prioritario que los pacientes fueran evaluados por equipos multidisciplinarios antes de la cirugía y, cuando fuera posible, atendidos en centros con experiencia específica en neurooncología. Este esquema permite mejorar la experticia de los equipos y centralizar recursos y capacidades, lo que en última instancia se traduce en una mejor atención para el paciente y en mejores desenlaces clínicos13.
Desde la publicación de la quinta edición de la clasificación de los tumores del sistema nervioso central de la OMS, se incorporaron las alteraciones moleculares a la clasificación de los gliomas, con un impacto significativo tanto en el diagnóstico como en el tratamiento. Las alteraciones en CDK4/6, CIC, FGFR2/3/4, FUBP1, KIT, MET, NF1, PEG3, RB1 y NTRK2 (IDH, ATRX, TP53, codeleción 1p/19q, CDKN2A/B, PDGFRA, TERT, amplificación de EGFR, +7/-10, PTEN, CDK4/6, RB1, NTRK, BRAF, MYCN) son determinantes del pronóstico de los pacientes14; sin embargo, según la estimación consensuada de los participantes, en menos del 40% de los pacientes se realizan pruebas moleculares, como la inmunohistoquímica (IHQ) para determinar mutaciones en IDH, y la frecuencia de uso de la secuenciación de próxima generación (NGS) y de los arrays de metilación es aún menor. En Colombia, el código CUPS 898802 corresponde a un estudio anatomopatológico molecular (específico); un procedimiento en el que se analiza la composición molecular, en especial los ácidos de los núcleos de las células que contienen genes, basándose en materiales corporales como líquidos, células o tejidos, y se encuentra financiado con cargo a recursos de la Unidad de Pago por Capitación (UPC), por lo que en teoría debería constituir el estándar de cuidado; sin embargo, la evidencia recogida en las mesas técnicas indica que su utilización efectiva en la práctica clínica es considerablemente menor a la esperada.
Dado que los gliomas difusos son el tipo de tumor primario más frecuente, la discusión sobre alternativas farmacológicas se centró en ellos. Según la guía NCCN 2.202615 de tumores malignos del sistema nervioso central, se recomienda, para el tratamiento adyuvante de los gliomas de bajo grado, los protocolos de observación clínica (Watch & Wait), el uso de inhibidores de IDH (isocitrato deshidrogenasa), la radioterapia más PCV adyuvante (Procarbacina, Lomustina y Vincristina), o la radioterapia más temozolamida. En Colombia no se cuenta con la aprobación de inhibidores de IDH, procarbazina ni lomustina; la temozolamida está indicada en pacientes con glioma maligno recurrente, no como primera línea tras la resección o la biopsia, y la vincristina no está indicada en gliomas16.
Las mesas técnicas permitieron identificar la falta de alternativas terapéuticas en el país, pese a que las guías internacionales incluyen diversas alternativas, lo que evidencia la necesidad de priorizar regulatoriamente los medicamentos antes mencionados.
La medición sistemática del bienestar emocional a lo largo de la ruta de atención de los tumores cerebrales continúa siendo un área escasamente caracterizada en la literatura y en la práctica clínica nacional. Las presentaciones realizadas durante las mesas técnicas evidenciaron la limitada disponibilidad de información sobre los problemas psicoafectivos asociados al diagnóstico de tumores cerebrales, y tampoco fue posible establecer con precisión el impacto diferencial de la resección quirúrgica o de otras intervenciones, como la radioterapia, sobre el tejido encefálico y sobre la regulación del estado de ánimo.
Un estudio en China, liderado por la alianza nacional multidisciplinaria de gliomas, evaluó mediante la escala hospitalaria de ansiedad y depresión (HADS) a pacientes sometidos a neurocirugía por gliomas difusos y por tumores metastásicos cerebrales; como era lógico, la cirugía se comportó como un factor de ansiedad hospitalaria antes y después del procedimiento. En particular la localización de lesiones en el lóbulo frontal se asoció con un aumento en los puntajes de ansiedad y depresión posquirúrgica; no así en otras localizaciones17.
Los participantes de las mesas técnicas fueron enfáticos al señalar la ausencia de datos sistemáticos sobre salud mental en pacientes con tumores malignos del sistema nervioso central en Colombia, y coincidieron en que este componente puede ser determinante para la adherencia terapéutica, la productividad laboral y la independencia funcional. En consecuencia, se identificó la necesidad de establecer pautas estandarizadas de seguimiento de la salud mental en estos pacientes y de incorporar medidas de funcionalidad, como la capacidad de reincorporación laboral.
Las mesas técnicas identificaron el fortalecimiento de los sistemas de información como un componente esencial para estimar la carga de enfermedad asociada a los tumores del sistema nervioso central y orientar la toma de decisiones tanto a nivel clínico como en el ámbito de los aseguradores. Aunque estas neoplasias no se encuentran entre los cánceres priorizados por la Cuenta de Alto Costo (CAC), sus datos se recopilan sistemáticamente a partir de la información reportada por aseguradores y prestadores. Esta fuente permite estimar la carga de enfermedad, identificar brechas en la atención, analizar desenlaces y compararlos con referentes internacionales, lo que constituye una oportunidad para profundizar en la caracterización clínica y epidemiológica de estos pacientes. Esta aproximación es consistente con la experiencia internacional: los registros poblacionales de cáncer constituyen el instrumento central de vigilancia para estimar la carga de enfermedad, monitorear la equidad en el acceso y evaluar el desempeño de los programas de control del cáncer, y su fortalecimiento ha sido señalado como una prioridad en los países de ingresos bajos y medios18.
Los participantes señalaron, sin embargo, que la utilidad de los registros depende no solo de su cobertura, sino también de la calidad de la caracterización de la enfermedad. La información presentada durante las jornadas mostró que una caracterización inicial insuficiente puede limitar tanto la selección terapéutica como la evaluación posterior de los resultados y la calidad de la información disponible para la planeación. En los gliomas, esta necesidad adquiere particular relevancia, dado que la clasificación contemporánea integra criterios histológicos y moleculares; por ello, las mesas plantearon la conveniencia de consolidar registros nacionales de tumores del SNC que incorporen información clínica y molecular y permitan evaluar resultados en salud. Esta necesidad se deriva directamente de la quinta edición de la clasificación de la OMS, que convirtió los marcadores moleculares en un componente obligatorio del diagnóstico integrado y, por tanto, en una variable indispensable para cualquier registro que pretenda comparar desenlaces entre subtipos tumorales19; la experiencia del CBTRUS en Estados Unidos muestra que la incorporación sistemática de información histológica y molecular en un registro nacional de tumores del SNC es factible y permite generar estadísticas comparables a nivel internacional3.
Un elemento particularmente relevante, identificado durante las mesas como una oportunidad para mejorar la calidad de la atención, es la creación de un registro nacional de tumores del sistema nervioso central. Este registro no solo permitiría fortalecer el análisis epidemiológico y dimensionar el impacto de la enfermedad, sino también mejorar la continuidad asistencial. La incorporación de descripciones y planes quirúrgicos, junto con un repositorio digital de imágenes diagnósticas, estudios moleculares y otros exámenes paraclínicos, proporcionaría a los profesionales que reciben por primera vez a pacientes remitidos desde otras instituciones un contexto clínico más completo, quienes con frecuencia son trasladados sin acceso oportuno a la totalidad de la información clínica relevante.
Finalmente, se consideró necesario ampliar los desenlaces incluidos en los sistemas de información. Además de la supervivencia, la oportunidad diagnóstica y el tratamiento, se destacó la incorporación sistemática de la calidad de vida y de los desenlaces centrados en el paciente como elementos para evaluar y mejorar la atención oncológica. La integración longitudinal de información epidemiológica, clínica, molecular y de resultados reportados por los pacientes permitiría identificar necesidades no cubiertas, monitorear los resultados, orientar la asignación de recursos y generar evidencia para la investigación, la planeación y la evaluación de políticas públicas en neurooncología. La incorporación de desenlaces reportados por el paciente no constituye un componente accesorio de estos sistemas. En neurooncología, la iniciativa RANO-PRO propuso un plan de trabajo para seleccionar y aplicar instrumentos válidos que capturen síntomas, funcionalidad y calidad de vida en adultos con tumores cerebrales, precisamente por la limitación de los desenlaces radiológicos y de supervivencia para reflejar el impacto de la enfermedad y de su tratamiento20. Además, la medición sistemática de síntomas reportados por el paciente durante el tratamiento oncológico demostró, en un ensayo clínico aleatorizado, mejoría en la calidad de vida relacionada con la salud, menor número de consultas a urgencias y mayor permanencia en el tratamiento21. Estos hallazgos sugieren que la captura rutinaria de desenlaces centrados en el paciente tiene un valor asistencial y no únicamente descriptivo, y que su inclusión en los sistemas de información nacionales, junto con indicadores estandarizados de salud mental y de capacidad diagnóstica, permitiría monitorear dimensiones hoy invisibles para el sistema.
Las mesas técnicas evidenciaron que el abordaje de los tumores cerebrales, en especial de los gliomas de bajo grado, enfrenta desafíos que trascienden el ámbito del tratamiento oncológico. La fragmentación de las rutas asistenciales, las limitaciones en el acceso a la caracterización molecular y a alternativas terapéuticas, y la escasa incorporación de desenlaces funcionales, cognitivos y de salud mental dificultan una atención integral y centrada en el paciente.
La conformación de equipos multidisciplinarios y de rutas integradas de atención, idealmente articuladas con centros de experiencia en neurooncología, podría favorecer la continuidad asistencial y una toma de decisiones que considere simultáneamente el control de la enfermedad y la preservación de la función. Asimismo, la caracterización histológica y molecular debe incorporarse de manera efectiva a la práctica clínica para permitir una clasificación precisa y orientar las decisiones terapéuticas conforme al conocimiento actual de estas neoplasias.
El fortalecimiento de los sistemas de información representa una oportunidad transversal para responder a estas necesidades. Un registro nacional específico de tumores del SNC, capaz de integrar longitudinalmente información epidemiológica, clínica, quirúrgica, radiológica y molecular, así como los desenlaces reportados por los pacientes, permitiría caracterizar mejor la enfermedad, facilitar la continuidad de la atención, identificar inequidades y generar evidencia para la investigación, la planeación sanitaria y la evaluación de políticas públicas.
Finalmente, prolongar la supervivencia global (OS) continúa siendo un objetivo central del tratamiento de los gliomas de bajo grado, y la literatura reciente reporta series en las que esta supera los 10 años22. Sin embargo, ello no implica dejar de lado desenlaces como la preservación de la cognición, la autonomía, la salud mental, la capacidad funcional y la participación social; estos deben formar parte de la definición de un resultado terapéutico satisfactorio, que debe construirse de manera interdisciplinaria.
Avanzar hacia este modelo requerirá integrar la innovación diagnóstica y terapéutica con rutas asistenciales coordinadas, información de calidad y una atención verdaderamente centrada en las necesidades del paciente como persona. Para su implementación, se consideró como elemento crítico contar con testeo molecular universal, para lo cual se requiere mayor educación para los médicos tratantes y de atención primaria, y ampliar las opciones terapéuticas disponibles en Colombia, como equipos de radiooncología con tecnología de protones, y completar el arsenal con las terapias sistémicas que aún no están disponibles en Colombia.
La publicación en la Revista Latinoamericana de Psiquiatría cumple el objetivo académico. La incidencia en política pública requiere un vehículo distinto: el artículo es el respaldo técnico, no el documento que se entrega al decisor. Cada destinatario debe recibir una pieza corta, con una sola petición concreta y verificable.
– Capacidad diagnóstica. El CUPS 898802 ya está financiado con cargo a la UPC; el problema documentado en las mesas no es de financiación sino de uso efectivo (menos del 40 % de los pacientes). La petición es un lineamiento que haga exigible el diagnóstico integrado en gliomas y que mida su cumplimiento, acompañado de educación a médicos tratantes y de atención primaria.
– Sistemas de información. Incorporar los tumores del SNC al reporte estructurado de la CAC, con variables moleculares, quirúrgicas, de imagen y desenlaces reportados por el paciente. Es la petición de menor costo político y la que habilita todo lo demás.
– Indicadores de salud mental y funcionalidad. Adoptar indicadores estandarizados (tamizaje de ansiedad y depresión, funcionalidad, reincorporación laboral) en el seguimiento de estos pacientes. Es el punto donde el artículo aporta evidencia que hoy no existe en el país.
La ampliación del arsenal terapéutico es una cuarta petición legítima, pero conviene tramitarla por el canal regulatorio y no como mensaje central ante quien define política, para no contaminar la lectura de los tres primeros puntos.
| Destinatario | Qué se le pide | Producto y canal |
|---|---|---|
| Cuenta de Alto Costo (CAC) | Incluir los tumores del SNC en el reporte estructurado, con variables moleculares, quirúrgicas y desenlaces reportados por el paciente. Es el destinatario natural del cuarto dominio. | Artículo más anexo técnico de dos páginas con propuesta de conjunto mínimo de variables. Mesa técnica bilateral. |
| Instituto Nacional de Cancerología (INC) | Aval técnico al estándar de diagnóstico integrado (histológico y molecular) y a los indicadores de salud mental y funcionalidad. | Presentación técnica y coautoría o endoso del anexo. Idealmente antes de acudir a MinSalud. |
| Ministerio de Salud — equipo de cáncer (Promoción y Prevención), Prestación de Servicios y Medicamentos y Tecnologías | Hacer exigible y medible el diagnóstico integrado en gliomas, y adoptar indicadores de desenlace funcional y de salud mental en el marco del plan decenal de control del cáncer. | Policy brief de dos páginas derivado del artículo. Reunión con CAC e INC ya alineados. |
| Sociedades científicas (ACHO, ACN, ACNCx, SCP y las convocadas a las mesas) | Endoso público de las conclusiones. Multiplican legitimidad y despersonalizan el mensaje. | Carta conjunta y presentación en congresos nacionales. |
| EPS, gremios (ACEMI, Gestarsalud) y ADRES | Viabilidad operativa: modelos de contratación integrada que resuelvan la fragmentación descrita en el primer dominio. | Sesión de socialización específica sobre rutas, no sobre tecnología. |
| INVIMA | Priorización regulatoria de las alternativas terapéuticas ausentes en el país. | Canal regulatorio separado. No mezclar con la agenda de política pública. |
| Asociaciones de pacientes y cuidadores | Vocería sobre impacto funcional, laboral y de salud mental. | Versión divulgativa del artículo. |
– Publicar el artículo y obtener el endoso de las sociedades científicas participantes.
– Llevar la propuesta de variables a la CAC como conversación técnica, no como solicitud de priorización.
– Buscar el aval del INC sobre el estándar diagnóstico.
– Presentar a MinSalud con CAC e INC ya alineados; una petición respaldada por sus propias entidades técnicas tiene otra tracción.
– Consolidar todo en el Libro Blanco, que es el vehículo natural de las recomendaciones de política.
– Vocería y transparencia. Dado el patrocinio, conviene que la vocería la ejerzan el Grupo CISNE y los autores clínicos, con declaración explícita de financiación en toda pieza que circule. Una petición sobre registros e indicadores es defendible desde cualquier posición; una que se lea como promoción de producto pierde a los tres primeros destinatarios.
– Verificar antes de enviar los nombres y competencias exactas de las direcciones del Ministerio y el estado vigente del plan decenal de control del cáncer, que han cambiado en los últimos años.
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